La reciente solicitud de la congresista y pastora evangélica Milagros Jáuregui (Renovación Popular) ha reabierto un intenso debate nacional. Exige al Ministerio de Cultura vetar y trasladar a recintos cerrados las esculturas monumentales de los «huacos eróticos» en Moche, Trujillo.
La postura legislativa: Un pudor anacrónico
Durante la sesión del lunes 26 de octubre de la Comisión de Asuntos de Salud, Educación, Cultura, Mujer, Desarrollo Social y Digital del Senado, se contó con la presencia del ministro de Cultura, Alberto Beingolea. En ella, Jáuregui exhortó al Ministerio a confinar estas piezas exclusivamente a museos, alejándolas del espacio público.
«Tener en un lugar público este tipo de imágenes es dañino para la infancia. Causa curiosidad y despierta una sexualidad que no es sana», argumentó. «Hay factores neurológicos y psicológicos afectados al ver dimensiones del cuerpo distintas a cómo ellos se ven», señaló la senadora, exhortando al Ministerio a intervenir.
La respuesta institucional: Educación frente a censura
La comunidad científica y el Ministerio de Cultura rechazaron de plano esta postura. Descartaron que la iconografía ancestral represente un peligro o material pornográfico.
Especialistas en psicología clínica aclararon que no existe evidencia científica que vincule estas piezas con secuelas en niños. Señalaron que el verdadero riesgo infantil es el acceso irrestricto a la pornografía en internet.
Expertos en desarrollo infantil añadieron que la presencia de estas piezas en la vía pública es una oportunidad pedag