La selección de uruguay se Impuso ante la similar de Egipto por la mínima diferencia en lo que fue el segundo encuentro de la cita mundialista de Rusia 2018.
Giménez salva el estreno de Uruguay en el último suspiro. Una correosa Egipto, sin Salah, cae contra el conjunto charrúa en un día aciago para Suárez.
El gatillo en Uruguay no le tenía ni Luis Suárez ni Cavani. La llave del triunfo la tuvo la estrategia del Maestro Tabárez y la cabeza del potente Josema Giménez. El defensor del Atlético salvó al cuadro charrúa, sobre todo a los imprecisos Suárez y Cavani, de naufragar en el estreno en Rusia frente al áspero Egipto. Cúper tiene un equipo trabajado en defensa, sin fuerza en ataque desde que Sergio Ramos se fue al suelo con Salah en la final de la Champions. Amargo regreso para el cuadro africano a los Mundiales, dulce victoria para la Celeste, que vuelve a celebrar en el primer partido de una Copa del Mundo después de seis intentos fallidos.
Con o sin Salah, Egipto es un hueso duro de roer. Es, indudablemente, un equipo made in Cúper. La ausencia de su chico franquicia, sin embargo, mermó mucha (o toda) de la pimienta que tiene el conjunto africano en ataque. Nadie se sorprendió en el Ekaterimburgo Arena. Salah se consagró en el Liverpool como un de los cromos estrella de Rusia pero con el punta en el banquillo, el duelo perdió aliciente aunque no cambió los planes del técnico argentino. De entrada, Egipto se le animó a Uruguay, siempre atento para retroceder y pegarse a su portero, El-Shenawy. Nunca, en cualquier caso, astuto para inquietar a la zaga celeste, inquebrantable, bajo el control de Muslera y el mando de Godín.
A Uruguay le costó un buen rato comparecer en el partido. Y eso que al Maestro Tabárez no le faltó nadie. El problema, para la Celeste, es que todavía no termina de encontrar el punto entre el pasado y el futuro. La historia dice que en Uruguay el fútbol se domina en las áreas, buenos defensas, buenos delanteros; el presente apuesta por mediocampistas con más toque, como Bentancur o Vecino. Pero no aparecían los volantes, mucho menos los puntas. Cavani y Luis Suárez quedaban demasiado descolgados del resto de sus compañeros, espectadores de lujo de los centros sin destino de Nández y De Arrascaeta.
