Finalmente llegó el día de la definición. El miércoles 24 de enero, Juan Manuel Urtubey lanzó en Salta, Alternativa Federal. Un lanzamiento que había sido programado originalmente para mediados del mes de diciembre en Buenos Aires, pero finalmente quedó postergado ante las evaluaciones contrapuestas dentro del espacio.
La postulación de la candidatura de Roberto Lavagna por parte de Eduardo Duhalde, retomada luego por varios políticos de diverso signo político y sindicalistas de peso, exigió que el salteño saliera a marcar el territorio y ensayar el salto al vacío. Un día antes, el martes, Sergio Massa lo visitó en Salta, donde consensuaron diversos aspectos de la interna, y del lanzamiento con bombos y platillos de Alternativa Federal en Mar del Plata, programado para el próximo 4 de febrero.
El encuentro entre Urtubey y Massa, los dos candidatos que presumiblemente definirán la interna de Alternativa Federal, no tuvo nada de casual. Era necesario producir un gesto político contundente frente a la publicitada figura del economista, que con su mutismo y su anunciada pretensión de aceptar únicamente en caso de “aclamación” –es decir, sin tener que afrontar competencia interna previa, había comenzado a generar ciertas dudas respecto de las dos candidaturas originales del espacio.
El discurso de Urtubey fue breve y preciso. Cada una de sus frases fue un titular dirigido a los medios, en un escenario cuidado y moderno –el Centro de Convenciones de Limache- y contó con transmisión satelital. El referente accedió al tinglado acompañado de su esposa, Isabel Macedo, para luego ocupar la escena con exclusividad. Por si hubiera duda, expresó de manera tajante su determinación de competir por la Presidencia: «Estamos iniciando un camino que solo se detendrá el día que pongamos a un salteño en el sillón de Rivadavia y sea el presidente de todos los argentinos.»
Para fijar su posicionamiento, salió a tomar distancias con el Gobierno de Cambiemos, al que fustigó por sus decepcionantes políticas económicas, subrayando que con un 47 por ciento de inflación y un 100 por ciento de devaluación «no se puede vivir». También lanzó un dardo al corazón de aquél aspecto de la gestión nacional en la que el Gobierno parece querer centrar su campaña electoral: la seguridad. «El problema de la seguridad de las familias argentinas –remarcó- no se resuelve con operaciones de prensa».
«Hoy, Alternativa Federal amanece en Salta»-recalcó Urtubey, al que definió como el espacio «más dinámico, plural e innovador de los últimos años. Una evolución.» Y allí lanzó una frase de concordia con sus eventuales competidores internos: «Yo quiero que sepan que no se trata de que Juan Urtubey sea o no presidente, se trata de que Alternativa Federal viene a plantar una evolución», afirmó.
El eje del discurso de Urtubey estuvo centrado en la necesidad de superar la «grieta» entre macristas y kirchneristas, cuestión que reapareció varias veces a lo largo de su discurso. «Solo es funcional para quienes desde el poder siguen sometiendo a los argentinos a la pobreza, la postergación y exclusión –advirtió al respecto-. No se trata de dividirnos a los argentinos, unos con otros. A ver si dejamos atrás de una bendita vez esta larga historia de peronistas, antiperonistas, conservadores, radicales, macristas y kirchneristas. A ver si nos unimos y hacemos una Argentina de argentinos. Eso es lo que necesita nuestro país»,
Entre los puntos programáticos más importantes, destacó su pretensión de encabezar un Gobierno de “Unidad Nacional”, “ciudadano” en su contenido, e hizo hincapié en su propuesta de implementar un sistema de gobierno semiparlamentario «para que la política deje de ser el problema y empiece a ser parte de la solución». «Este sistema de gobierno –concluyó- (el presidencialismo) está terminado».
El Gobernador salteño anticipó que lo que viene es un «cambio en serio y profundo», para luego definir a Alternativa Federal como un «profundo acto de amor por una Argentina que todavía nos duele».
A lo largo de su alocución hubo permanentes referencias al General Martín Miguel de Guemes y a los principales logros e innovaciones de su gestión, subrayando así su experticia como Jefe de Estado de cara a la interna del espacio: «Juntos en nuestra amada Salta nos dimos cuenta que no se puede construir desde el odio y el enfrentamiento, nos tomamos todos de la mano. Dejamos atrás peleas históricas porque hemos aprendido».
Y destacó que en su mandato se construyó en Salta «una sociedad mucho más justa, mucho más inclusiva. Hoy se necesita que volvamos a poner en valor lo que significa un país en paz, para eso necesitamos un país más justo. No es posible acostumbrarnos a que nuestra amada Argentina tenga que sumirse en la resignación de que no se puede. Claro que los argentinos tenemos por historia y por obligación de futuro, construir esa Argentina que nos debemos, lo tenemos que hacer todos juntos.»
Hubo otro tema recurrente en el discurso de Urtubey, articulado en torno a la necesidad de transformar la matriz productiva de la Argentina, para ponerla a tono con los “grandes desafíos que se nos plantean.” Tácitamente expresó su autodefinición como “desarrollista” y su convicción de la necesidad de trocar una economía orientada al sector financiero por una matriz “productivista”.
No faltó tampoco una definición crítica sobre el Decreto Presidencial sobre “extinción de dominio”, al que calificó como “inconstitucional”, y lamentó las constantes «operaciones de prensa» armadas por el Gobierno nacional sobre temas sensibles e impostergables que aquejan a la sociedad argentina.
De este modo, Urtubey cerró su postulación “para los de casa”, consciente de que su postulación efectiva le valdrá malos tragos de ambas partes de la “grieta”. Es que tanto Cambiemos como el Cristinismo manejan los mismos datos que Urtubey, que dan cuenta que el 55 por ciento de la sociedad se encuentra dispuesta a votar a una tercera fuerza que postule la reconciliación y la implementación de una Argentina “productiva” y en crecimiento.
Horas antes, al ser interrogado sobre su opinión sobre Roberto Lavagna y su pretensión de ser candidato por aclamación, excluyendo toda competencia interna, el salteño señaló que eran justamente ese tipo de pretensiones eran las que la Argentina debía desterrar para “torcer el curso de la historia”, aunque luego relativizó su afirmación al expresar su excelente consideración sobre los méritos del economista, e invitarlo a participar de la interna de Alternativa Federal.
De este modo comenzó el camino de Urtubey en las grandes ligas. El 4 de febrero, en Mar del Plata, deberá jugar, junto y frente a Sergio Massa, la gran carta de la postulación nacional. Ambos se encuentran confiados de sus fuerzas y cuentan con un programa consensuado y sólido para tratar de transformar el futuro de la Argentina. ¿Alcanzará?




































