La maldición del campeón volvió a cumplirse otra vez como bien saben en Italia y España. Alemania, que sólo tenía que ganar a Corea del Sur para seguir viva en el Mundial de Rusia tras la victoria de Suecia, sucumbió con estrépito (2-0), casi de manera grotesca, y se marcha para casa a las primeras de cambio, como no le pasaba desde los años 30, cuando ni siquiera el campeonato tenía este formato. Había jugado como mínimo las cuatro últimas semifinales. Tanta era su grandeza que no le valió para nada. El milagro de Kroos ante Suecia no tuvo continuidad porque la épica no siempre funciona. A la selección de Low, que cambió de nuevo su once, le faltó fútbol y una pizca de carácter para superar otro partido repleto de dificultades. El rigor del campeonato, implacable con los grandes, completó el ‘pack’ del fracaso. Es una de las grandes sorpresas de la historia de los Mundiales y la primera victoria en la historia de Corea del Sur ante el equipo de las cuatro estrellas.







































