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Politica

«Señora. Su chusquedad mental ya no seduce» la demoledora carta de Hildebrant a Keiko Fujimori

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El reconocido periodista César Hildebrandt, dedicó una “carta abierta” a la líder de Fuerza Popular Kieko Fujimori en su semanario “Hildebrandt en sus trece”, donde tila de  «hipócrita» y “traidora”, además la acusa de dirigir una pandilla que solo pretende dinamitar la democracia en su obcecado afán de alcanzar la presidencia del Perú.

La misiva se da en medio de la creciente ola de cuestionamientos a su persistente posición de respaldar en el cargo al criticado fiscal  la Nación, Pedro Chávarry y de no disponer que su bancada congresal proceda a revisar la denuncia constitucional al exjuez supremo César Hinostroza;

Mensaje a Keiko Fujimori.

César Hildebrandt

Señora:

Pier Figari, su asesor, ha comparado a Martín Vizcarra con Nicolás Maduro. Daniel Salaverry, su mantenido en el Congreso, ha dicho que le parece estar viviendo en Venezuela.

¿Estos son los heraldos negros de lo que se viene, señora? ¿Van a tumbarse a Vizcarra diciendo que es un dictador?

¿Un dictador como lo fue su padre? ¿Un personaje oscuro como lo fue el señor Montesinos, que declaró formal­mente que a usted le entregaba mensual­mente diez mil dólares, salidos de las bolsas negras, para su manutención en los Estados Unidos?

Cada persona, por más insignificante que sea, aporta un estilo. El suyo, señora, no es el de la ira constructiva, como quie­ren hacerle creer. El suyo es el de la trai­ción. Traicionó usted a su madre, cuando ella más la necesitaba; traicionó usted, estrictamente por conveniencia electo­ral, a su padre, a quien todo le debía, des­de el apellido hasta la fortuna oculta de la que algo sabe Joaquín Ramírez; trai­cionó usted a su hermano, que tanto hizo por reconstruir el partido y que cayó en las redes por usted tendidas. Sólo fue fiel usted, señora, a los tíos corruptos que se asilaron en Japón, como lo quiso su pa­dre cuando buscó ser senador de aquel imperio.

Sería avaro de mi parte no reconocer­le a usted las virtudes que muchos tam­bién le encomian. Es usted inteligente, astuta, tenaz y disciplinada. El proble­ma, señora, es que su inteligencia la ha empleado para construir la farsa de un fujimorismo renovado, cuando bien sa­bemos que el fujimorismo -albertista ayer, hoy y siempre- no podría renun­ciar a su vocación totalitaria sin perder su esencia. Respecto de su astucia, Har­vard, señora, fue el mejor escenario para ese talento; ¿recuerda usted cuán liberal parecía en aquella universidad, qué ma­quillaje mutante la cubrió, cómo fue que hasta su voz fue modulada por la conciliación aparente y el arrepentimiento veraz? ¡Eso es astucia! Y es usted tenaz en el error, señora, sin siquiera esfor­zarse. Está convencida de que el Perú le debe la presidencia y que sólo las malas artes impidieron su éxito. Esa es una percepción narcisista, señora. El Perú no le debe nada. Su deuda con el Perú, como primera dama y beneficiaría de la dictadura, primero, y como pretendien­te a la sucesión de esta dinastía familiar grotesca, después, resulta, en cambio, incuantíficable (por ahora). Y en rela­ción a su amor por la disciplina, no es la suya la disciplina de quien vive metódi­camente para cumplir una tarea y llegar a un objetivo que haga del mundo algo mejor. Concibe usted la disciplina, seño­ra, como el orden inapelable, la sujeción humillante, el salivar pavloviano de sus creaturas. Por eso está usted rodeada de dos clases de personas: aquellos cuya es­tupidez notoria los hace obedecerla sin dudas ni murmuraciones y aquellos cuyo prontuario, entre político y policial, los obliga a la anuencia para seguir siendo protegidos por el blindaje del partido.

Usted, en suma, no es líder, señora. El liderazgo, aun el errático, se basa en un programa, en una inspiración, en un cierto sueño de país. ¿Cuál es el suyo, señora, aparte de aquel que consiste en concebir un país rendido a sus pies, te­meroso de sus furias, temblando ante sus arrebatos?

Defiende usted al fiscal Pedro Chávarry. No me extraña. Ha defendido usted siempre lo indefendi­ble con tal de que sea útil a sus intereses y a los de su organi­zación. Y Chávarry es perfecto para que usted no sea investi­gada de verdad por los cócteles truchos, los aportes negros y el lavado de dinero de sus dos campa­ñas millonarias. El mismo poder judicial podrido que su padre armó toga por toga y crimen tras crimen es el que usted quie­re mantener, señora, no pensando en el país, por supuesto, sino previendo las penas que magistrados independientes podrían darle a usted y a sus escondidos (por ahora) benefactores.

Trama usted, señora, un golpe de estado. Resulta que Vizcarra no era el mayordomo asustadizo que le dijeron. Y por eso usted y Salaverry hablan de citas supuestamente incriminatorias ocurri­das cuando la caída de Kuczynski esta­ba preparándose y cuando ya habíamos cambiado de mandatario. ¿Cuál fue el punto central de esos diálogos que hoy se revelan como si fueran el nuevo testa­mento? Pues los detalles de la transición, la posibilidad de que hubiera una crisis constitucional por la renuncia de los dos vicepresidentes, la alternativa no deseada de adelantar las elecciones. ¿Conversar sobre eso era un crimen? Claro que no. Chantajistas con escuela, los fujimoristas quieren arrinconar al Ejecutivo contándole a la gente que el presidente actual se reunió con la que es, para nuestra desgracia, la primera fuerza del Congreso en un momento de amenazante inestabilidad. Y no olvidemos que el secretismo de esos encuentros fue un acuerdo lamentable de ambo protagonistas.

Si Vizcarra mereció una censura pública señora, es por haber confiado en usted, que es indigna de cualquier confianza. Y es por haber confiado en gente como Salaverry el lodoso empresario que llegó a sus filas cuando su partido original estaba en ruinas. Ya no hablemos de haber confiado en Chlimper, el agroexportador que, como ministro, hizo una ley para favorecer la agroexportación de modo escandaloso y perpetuo. ¿Quién querrá sentarse con usted hoy, señora? Quizá hasta Joaquín Ramírez sienta temor.

Sueña usted con imitar a su padre y habla desde la televisión tratando de duplicar, esta vez sí filialmente, algunos énfasis, algunos subrayados, alguna respiración. Pero su padre, a pesar de ser el más corrupto de los presidentes de nuestra historia y el más grande foco infeccioso de nuestras instituciones republicanas, tuvo dos méritos innegables: atajó el proceso de destrucción de la economía empezado con Alan García y capturó a la cúpula del terrorismo ¿Qué reconocimiento puede usted exigir si como jefa de la oposición ha convertido al Congreso en una pandilla que sabotea leyes regulatorias, encubre a Alar García en el caso Lava Jato y se alía de modo sistemático con el poder del diñero? ¿Qué méritos quiere que le reconozcamos si en su agenda política sólo figura su nombre y en su lista de prioridades el primer y único punto es queusted ocupe en su tercer intento, la presidencia de república? ¿Qué quiere que digamos de alguien que desde el Congreso, que el pueblo le confió, quiere dinamitar el jue­go democrático porque el señor Vizcarra ha demostrado tener algo de iniciativa y una pizca de carácter?

Usted llega tarde a la historia. El país en escombros que éramos en 1990 ya no existe. Sus recetas, hijas del ultraderechismo mandón y varicoso, ya no funcionan. Su chusquedad mental ya no seduce. Su hipocresía ya no cala. Ahora necesitaríamos a alguien que entienda de un modo más sofisticado la naturale­za de nuestros problemas, insertos en un panorama mundial confuso e inflamable.

Por último, señora, comprenda que el descenso abismal de su popularidad no es parte de un complot de la prensa. Ni sus derrotas ni sus fugas de capital elec­toral son obra de los periodistas. No nos sobreestime, señora. No somos tan im­portantes. No somos ni siquiera impor­tantes. Lo que pasa es que usted ha cum­plido dolorosamente uno de sus mayores sueños: ha llegado a ser temible. Y la gente común ve el éxodo de los venezola­nos y se imagina un Perú dominado por sus rabietas, señora, sus complejos de inferioridad, señora, su sed insaciable de variadas venganzas, señora, y se asusta. Ese es su verdadero problema, estimada. Produce usted un pánico popular.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 4

Opinion

Hildebrant a Sagasti: «Gobierne sr. presidente, necesitamos un líder, no un adorno navideño»

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El reconocido periodista César Hildebrant le pidió al recientemente asumido presidente Francisco Sagasti que gobierne y «deje la pachocha para mejores tiempos». Y es que en medio de las protestas de los trabajadores de las empresas agroexportadoras que hasta la fecha se han cobrado dos vidas, el periodista concluyò  que el Perú «necesita un lìder y no un adorno navideño»

A través del semanario Hildebrant en sus Trece, el experimentado periodista apuntó contra las indecisiones y contradicciones del interino mandatario, a quien definió como «un caviar de boca para afuera y un gran conservador de boca para adentro». Asimismo, consideró que el presidente está atado de manos y cuyo encargo es administrar el statu quo.

A continuación la completa publicada este viernes 04 de diciembre titulada «De mal en peor».

Sì Martha Chávez –ese busto a la infamia– dice que no, entonces es sí. Si ella dice que no hay que darle la
confianza al gabinete, pues hay que dársela. Y el patético Congreso de los Chehade y los Alarcón le ha concedido 107 votos de respaldo al mediocre equipo de
la primera ministra.

¿Habrá que alegrarse?

No tanto. No le quedaba otra cosa al Congreso de los Luna y los Urresti. El problema no pasa por allí, por ahora. El gran asunto es la debilidad intrínseca del gobierno del señor Sagasti. Las bestias parlamentarias ya olieron sangre.
Han diferido el banquete para una mejor ocasión, pero se les hace agua el hocico. Y el descontento ha aprendido de las lecciones
de la calle y ahora reclama en el norte y en el sur.

No es que la gente esté demandando sutilezas, letras menudas, temas de segundo orden. Lo que se está pidiendo es que los agroexportadores les den una tajada de su prosperidad a los trabajadores, que se porten como capitalistas y no como taitas de indiadas en época de Arguedas. Es decir, que los Chlimper de todos los pelajes dejen de hacerse ricos chupándose el agua subterránea de Ica y pagándoles miserias a las chicas del embalaje.
¿Qué debe hacer el gobierno?

Está claro: debería ejercer su autoridad, imponer el diálogo y dirimir con justicia. Con la voz de quien encarna la razón, la equidad, el buen hacer. El problema viene cuando no sabes qué haces en Palacio, para qué estás en el mando, de dónde vienen los tiros.

Y a mí me da la impresión de que el señor Sagasti es un encantador charlatán. Lo vi el domingo, tetraentrevistado, y tuve la impresión de que el señor presidente contestará siempre aquello que sabe y, con mayor elocuencia, lo que ignora. Y aun de manera más vistosa, dirá que hará lo que sabe que no hará y, rotundamente, anunciará que no podrá hacerse, de ninguna manera, desde luego que no, lo que tiene en mente hacer.

Por eso el señor presidente respalda al ministro del Interior un domingo y luego, el miércoles, lo bota. Y manda a decir que quien lo ha echado es la señora primera ministra. Como si él fuera Felipe VI y viviéramos una democracia parlamentaria.

Algo de monárquico tiene este señor, que jura que no le tiemblan las manos cuando de confirmar a un ministro cuestionado por la mafia policial se trata pero que parece víctima del Baile de San Vito cuando el Congreso de las Chávez y los Vega lo amenaza con no darle la confianza.

¿No sabe el señor Sagasti que al sacrificar a Rubén Vargas ha saboteado la reforma policial, ha mostrado un flanco atrozmente vulnerable y ha convertido el voto de confianza en una transacción mezquina en la que él ha salido perdiendo? Sí, estamos seguros de que lo sabe. Pero no le importa.

Lo que le importa es entenderse, a cualquier costo, con el Congreso de la oscuridad. Alguien le ha dicho que debe estar en buenos términos con esa guarida y aceptar sus extorsiones. Y durar, si se puede, meciéndose en la hamaca y hablando bonito. O decirnos, cada vez que pueda, que se trata de un gobierno de transición y que no le pidamos, por eso, ninguna gran definición, ninguna mirada al horizonte. Pero si la transición significara diminutez de ideas, nos tendríamos que haber quedado con Merino, el del libro “Coquito” en el sobaco.

No es así, señor Sagasti. Ocho meses para un país en esta crisis no son poca cosa. Puede usted encaminar al Perú ya no diré que a las grandes alamedas sino, al menos, a un nuevo jirón de la unión partiendo del hecho de que la receta neoliberal, aplicada en dosis de caballo desde hace casi 30 años, amenaza con incendiarnos.
Lo que pasa es que usted, señor Sagasti, es un caviar de boca para afuera y un gran conservador de boca para adentro. Por eso es que se presenta como el presidente que está atado de manos y cuyo encargo es administrar el statu quo.

Entiéndalo, señor presidente de la república: montar la ola del statu quo es condenarnos al desorden. Entiéndalo: no está usted en Palacio para regar la higuera sino para gobernar en plena emergencia. Y en estos días de miseria acentuada, empleos perdidos, hambre en más de cuatro millones de compatriotas, regímenes laborales que lindan con la esclavitud, desigualdades que la pandemia hizo más escandalosas aún, necesitamos un líder, no un adorno navideño.

Gobierne, señor presidente. Desacátese. Olvídese de que el azar lo ha encumbrado porque algún diosito así lo quería. Deje la pachocha para mejores tiempos.
El país necesita de usted. Se ha roto el diálogo en el sur. ¿Sabe cuánta rabia se acumuló allí mientras los agroexportadores engordaban la billetera en una burbuja tributaria y laboral?
Hay un muerto en el norte. ¿Sabe usted cómo tratan algunas empresas a los temporeros que abrillantan las frutas de la exportación?

El Congreso de los Merino de Lama y las Apaza Quispe le ha dado la confianza al gabinete de Violeta Bermúdez. Eso nada significa. Eso es trampa intestina, trueque bamba, mano negra. Lo que el gobierno de emergencia requiere es el respaldo de la gente. Porque lo que se viene es una ola de inconformismo, señor Sagasti. No un tumbo, como dicen, fumatélicos, los tablistas sino una ola con pinta de Honolulu que puede incluir a médicos, maestros, mineros y un etcétera que no quiero imaginar.

Sí, señor. El país se hartó de tanta receta única, de tanto discurso monopólico, de tanto terruqueo mañoso y tanto periodicazo al servicio de los Chlimper y heterónimos. El país está maduro para una nueva Constitución. El Perú, señor Sagasti, con todo respeto, no está para miriñaques.

No es tiempo de una comedia de Ascencio Segura. Vivimos un drama parecido al que Enrique Solari Swayne aspiró a retratar en “Collacocha”. Póngase
en los zapatos de los que llevan reclamando decenas de años sin otra respuesta que el silencio de la gran prensa y la furia de esa policía que usted no
ha querido reformar.

César Hildebrant / Hildebrant en sus trece.

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Peruanos Mundo

No tiene miedo y está dispuesta a todo! La generación que tumbó a Manuel Merino. VIDEO

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La juventud peruana ha irrumpido de manera inesperada en el escenario político, y es que tras la vacancia de Martín Vizcarra y la asunción al cargo de presidente del titula del Congreso Manuel Merino, miles de jóvenes se lanzaron a las calles obligando a éste a presentar su renuncia. Las masivas y generalizadas dejaron el saldo de 2 jóvenes muertos, decenas de heridos.

Para analizar este fenómeno juvenil mundial «Se Metieron Con La Generación Equivocada» que al momento de esta edición a puesto en aprietos a la clase política peruana, dialogamos con  Luis Fernando Cueto, escritor e investigar peruano radicado en Alemania que sigue muy atentamente el fenómeno juvenil a nivel global .

«Los maltratamos, los humillamos, les dijimos que eran los peores estudiantes del mundo, que ni siquiera podían aprobar una prueba Pisa, que eran irresponsables, unos antisociales que no acataban el confinamiento impuesto por el gobierno, y ahora, ellos, nuestros hijos, nos están demostrando que siempre fueron mejores que nosotros, que son el país al final del túnel» Reza el encabezado del artículo titulado “La generación equivocada”, publicado por Luis Fernando. Artículo que nos llevó a gestionar la siguiente entrevista.

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Internacionales

Nicolás Maduro quiere mandar a Juan Guaidó para autoproclamarse en Perú. VIDEO

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nicolàs maduro y juan guaidó

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro, envió un mensaje de solidaridad al pueblo peruano por la crisis política que viene enfrentando en medio de una represión brutal por parte del gobierno de Manuel Merino tras vacar al ex presidente Martín Vizcarra.

El mandatario caribeño, cuestionó al denominado Grupo de Lima por no defender al «pueblo de Lima»  y en son de broma, ofrecio enviar a Juan Guaidó para que se autoproclame presidente porque «aquí (Venezuela) no tiene vida,está frito».Dijo

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